
una vez,
lo he agarrado tan fuerte,
tan inmensamente fuerte,
que sus huellas
se me han clavado en las palmas.
He sido capaz de oler la libertad,
de abrazar las brisas
y la humedad de un respiro;
he llegado a sentir todo tan mío,
tan, tan mío
que sé
que ya no hay
vuelta atrás,
que no hay vuelta
a esos falsos relámpagos de conocimiento
que sólo son pájaros de vidrio
que se desmenuzan
cuando cierras la mano
intentando hacerlos tuyos
para siempre.